PPWR 2026: Qué deben revisar las empresas que están cambiando sus materiales de packaging

Imagínate esta escena: estás en la sala de juntas de tu empresa. El director general acaba de leer un titular sobre las nuevas normativas europeas y lanza la gran pregunta sobre la mesa:

«Todo este nuevo packaging que acabamos de diseñar y en el que hemos invertido tanto… ¿está preparado para cumplir con la nueva normativa europea?».

Si trabajas en el departamento de compras, I+D, packaging o sostenibilidad de una empresa que fabrica o envasa productos, ya sea en cosmética, alimentación o componentes industriales, probablemente esta pregunta también haya aparecido en alguna conversación interna.

La Unión Europea ha actualizado las reglas del juego con la aprobación del PPWR, El Reglamento entró en vigor el 11 de febrero de 2025 y será aplicable, con carácter general, a partir del 12 de agosto de 2026. Sin embargo, sus obligaciones se incorporarán de forma progresiva: algunas comenzarán a aplicarse en 2026, mientras que otras, como determinados requisitos de reciclabilidad, contenido reciclado, reutilización o reducción del espacio vacío, tienen como horizonte 2030 y años posteriores.

El problema es que, ante este nuevo escenario, muchas empresas están pasando del plástico tradicional a materiales que parecen más sostenibles, pero que no siempre son la mejor solución desde el punto de vista técnico, ambiental o normativo.

Cambiar de material no consiste únicamente en sustituir un polímero por otro. Hay que analizar la aplicación, las prestaciones necesarias, el proceso de fabricación, la reciclabilidad, el contenido reciclado y el final de vida real del envase.

En este artículo vamos a traducir el “idioma de Bruselas” a un lenguaje más cercano para explicar qué implica el PPWR, por qué 2026 marca el inicio de una nueva etapa y, sobre todo, qué aspectos deberías revisar antes de aprobar un nuevo material para tu packaging.

¿Qué es exactamente el PPWR y por qué no es «una normativa más»?

Hasta hace poco, la Unión Europea funcionaba con una Directiva de envases. Sin entrar en demasiados tecnicismos legales, una directiva establece unos objetivos comunes, pero deja que cada país los incorpore a su propia legislación.

¿El resultado? Diferencias entre mercados. España podía aplicar unos criterios, Francia otros y Alemania establecer requisitos distintos. Para una empresa que comercializa sus productos en varios países europeos, esto suponía trabajar con marcos regulatorios diferentes.

El PPWR, en cambio, es un Reglamento. Esto significa que será de aplicación directa y obligatoria en todos los países de la Unión Europea. Las mismas reglas para todos y un marco mucho más armonizado.

Su objetivo es reducir progresivamente la generación de residuos de envases por habitante respecto a 2018: un 5 % en 2030, un 10 % en 2035 y un 15 % en 2040. Para conseguirlo, el Reglamento introduce medidas relacionadas con la minimización del packaging, la reutilización, el diseño para el reciclaje, la incorporación de contenido reciclado en determinados envases de plástico y la mejora de su gestión al final de la vida útil.

¿Y por qué hablamos de 2026? Porque el 12 de agosto de 2026 es la fecha general de aplicación del PPWR y el momento a partir del cual las empresas deberán comenzar a operar dentro del nuevo marco europeo. No obstante, muchas de sus obligaciones se desplegarán progresivamente hasta 2030, 2035 y 2038.

Esto no significa que todos los envases tengan que rediseñarse de inmediato. Pero sí que las empresas deberían empezar a revisar sus formatos, materiales, proveedores y procesos de validación.

Un cambio de material no ocurre de un día para otro. Puede requerir formulación, pruebas en maquinaria, ajustes de proceso, documentación técnica y certificaciones. Por eso, anticiparse permite tomar decisiones con mayor criterio y reducir los riesgos técnicos, industriales y regulatorios.

El peligro de la «Sustitución inadecuada.» (Regrettable Substitution)

Antes de entrar en la checklist, tenemos que hablar de un error bastante común. En el ámbito de los materiales se conoce como “sustitución inadecuada” (regrettable substitution) y ocurre cuando una alternativa aparentemente más sostenible acaba generando nuevos problemas ambientales, técnicos o regulatorios.

Sucede, por ejemplo, cuando una empresa decide sustituir el plástico convencional únicamente por la percepción negativa asociada al material, sin analizar en profundidad la nueva solución, sus prestaciones y su final de vida.

  • Ejemplo 1: Cambias una bandeja de plástico por una de papel o cartón y, para conseguir resistencia a la grasa o a la humedad, incorporas un recubrimiento que contiene PFAS. A partir del 12 de agosto de 2026, los envases destinados al contacto alimentario no podrán comercializarse en la Unión Europea cuando superen los límites de concentración de PFAS establecidos por el PPWR. Por tanto, cambiar el soporte no elimina la necesidad de revisar la composición química completa del envase.
  • Ejemplo 2: Cambias a un plástico compostable, pero el consumidor lo deposita en el contenedor amarillo porque el envase no está bien identificado o porque no existe una vía de recogida adecuada. Como resultado, el material puede interferir en el flujo de reciclaje convencional y no llegar al final de vida para el que fue diseñado.
  • Ejemplo 3: Sustituyes un envase de plástico por uno de vidrio porque el consumidor lo percibe como una opción más sostenible. Sin embargo, su mayor peso puede incrementar el impacto del transporte, el consumo energético y los costes logísticos.

Estos ejemplos muestran que no existe un material adecuado para todas las aplicaciones. Para reducir riesgos y avanzar hacia un envase alineado con el nuevo marco regulatorio, es necesario analizar conjuntamente las prestaciones técnicas, la composición, el proceso de fabricación, la documentación y el final de vida real de cada solución.

La Checklist: 5 puntos críticos que debes auditar en tus nuevos materiales

Si estás evaluando un nuevo proveedor de materiales alternativos, hay cinco aspectos que conviene poner sobre la mesa. El proveedor debería ser capaz de explicar con claridad qué prestaciones ofrece el material, cómo se comporta durante su transformación y cuál es su final de vida previsto.

1. El diseño para el reciclaje (DfR): No vale con que sea reciclable «en la teoría»

El PPWR establece que, a partir de 2030, los envases deberán estar diseñados para el reciclaje y alcanzar unos niveles mínimos de reciclabilidad. Además, introduce una evaluación mediante grados de rendimiento que será progresivamente más exigente.

La reciclabilidad a escala, es decir, que el envase se recoja, clasifique y recicle de forma efectiva mediante infraestructuras disponibles, será un requisito aplicable a partir de 2035.

Por eso, no basta con que el polímero sea técnicamente reciclable. También debe analizarse cómo se comporta el envase completo dentro de los sistemas reales de recogida, clasificación y reciclaje.

Si estás cambiando de material, debes fijarte especialmente en:

  • Estructura y compatibilidad entre componentes: Los envases multicapa o multimaterial pueden presentar mayores dificultades de separación, clasificación y reciclaje. No están prohibidos de forma general, pero deberán demostrar que alcanzan los niveles de reciclabilidad exigidos para su categoría. Siempre que las prestaciones de conservación y seguridad lo permitan, simplificar la estructura o avanzar hacia soluciones compatibles con una misma corriente de reciclaje puede facilitar el cumplimiento.
  • Aditivos, tintas y acabados: Algunos pigmentos, adhesivos, recubrimientos o aditivos pueden dificultar la identificación, separación o reciclaje del envase. Por ejemplo, determinados pigmentos negros basados en negro de carbono pueden no ser detectados correctamente por algunos sistemas de clasificación óptica.

2. Compostabilidad: ¿Cuándo es obligatoria y qué letra pequeña tiene?

El PPWR no plantea la compostabilidad como solución general para todos los envases. La reserva para aplicaciones en las que el envase suele permanecer unido al residuo orgánico y su tratamiento conjunto puede facilitar la gestión del biorresiduo.

De acuerdo con el Reglamento, deberán ser compatibles con las condiciones controladas de las instalaciones industriales de tratamiento de biorresiduos:

  • Las bolsitas permeables de té, café u otras bebidas que se desechan junto con el producto utilizado.
  • Las monodosis permeables de café, té u otras bebidas, fabricadas con materiales distintos del metal, que se desechan junto con el producto utilizado.
  • Las etiquetas adhesivas colocadas en frutas y verduras.

Además, los Estados miembros podrán exigir la compostabilidad de otros formatos concretos, como determinadas bolsas de plástico muy ligeras o cápsulas no permeables, bajo las condiciones previstas por el Reglamento.

Si tu empresa trabaja con estas aplicaciones, o está valorando un material compostable para agricultura, cosmética o alimentación, no basta con utilizar la denominación genérica “biodegradable”. Es necesario determinar en qué condiciones se produce la biodegradación y qué final de vida está previsto para el producto.

  • Compostaje industrial (Norma EN 13432): Requiere condiciones controladas de temperatura, humedad y actividad biológica que se alcanzan en instalaciones industriales. La norma europea EN 13432 establece los requisitos que debe cumplir un envase para considerarse compostable industrialmente, incluyendo su biodegradación, desintegración y ausencia de efectos negativos sobre la calidad del compost.
  • Compostaje doméstico (Home Compost): Evalúa el comportamiento del producto en condiciones de compostaje doméstico, normalmente menos controladas y con temperaturas
    inferiores a las del compostaje industrial. No equivale al cumplimiento de la EN 13432 ni representa necesariamente la mejor opción para cualquier aplicación; debe justificarse según el uso, el sistema de recogida y el final de vida previsto.
  • Biodegradación en suelo: En productos agrícolas, como determinadas macetas, clips o films, puede ser necesario evaluar específicamente la biodegradación en suelo y comprobar que el material no deja residuos plásticos persistentes ni genera efectos ecotóxicos. En el caso concreto de los films de acolchado agrícola, la EN 17033 establece requisitos específicos de biodegradación en suelo.

La clave es que el material se diseñe pensando en el final de vida real del producto. La compostabilidad solo aporta valor cuando existe una aplicación adecuada, unas condiciones de tratamiento definidas y una vía de gestión coherente con esa característica.

3. Persistencia del material y generación de microplásticos

El PPWR no establece un requisito general para que los envases sean “libres de microplásticos”. Sin embargo, la persistencia de los materiales, la liberación de partículas y la presencia de  determinadas sustancias son cuestiones cada vez más relevantes para la seguridad, el ecodiseño y la comunicación ambiental.

Al evaluar un material alternativo conviene analizar qué ocurre al final de su vida útil y evitar confundir fragmentación con biodegradación. Los plásticos oxodegradables, por ejemplo, fragmentan el material sin garantizar su biodegradación completa y ya están sujetos a restricciones europeas.

En aplicaciones donde resulte técnicamente y ambientalmente adecuado, Benviro puede desarrollar materiales biodegradables o compostables diseñados para no generar microplásticos persistentes al final de su vida útil. Esta característica debe justificarse mediante la formulación, el uso previsto, los ensayos y la documentación correspondientes.

4. Reducción del espacio vacío y packaging innecesario

El PPWR refuerza la obligación de minimizar el peso y el volumen de los envases. A partir de 2030, el espacio vacío máximo será, con carácter general, del 50 % para los envases agrupados, de transporte y de comercio electrónico, de acuerdo con la metodología de cálculo que establezca la Comisión Europea.

Este límite no se aplica de la misma forma al envase de venta. En estos casos, el packaging deberá minimizarse teniendo en cuenta la funcionalidad, la protección del producto, la seguridad y los criterios técnicos aplicables.

La medida tendrá un impacto especialmente relevante en el comercio electrónico, el packaging secundario y las soluciones que utilicen cajas, rellenos o dobles paredes sobredimensionadas.

Qué debes revisar en tu empresa:

  • Si estás cambiando el material, cambia también la geometría. No pidas un molde nuevo para tu bioplástico copiando exactamente las dimensiones del envase antiguo si este estaba lleno de aire.
  • Optimiza el packaging secundario y terciario. Menos volumen significa cumplir la ley, pero también ahorrar dinero en transporte y almacenamiento.

5. Objetivos de reutilización y modelos de recarga

El PPWR establece objetivos de reutilización para determinados formatos y sectores, especialmente en envases de transporte, envases agrupados y algunas categorías de bebidas. Los  porcentajes, los plazos y las posibles excepciones dependen del tipo de envase y de la actividad del operador económico.

En cosmética y productos para el hogar, los modelos de recarga pueden contribuir a reducir el consumo de material, aunque no existe una obligación general de que todos estos productos adopten sistemas refill.

Al diseñar un sistema de recarga deben evaluarse conjuntamente el envase duradero y la recarga: el número previsto de ciclos, la resistencia, la higiene, la compatibilidad química, la cantidad total de material utilizada, la reciclabilidad, el contenido reciclado y el final de vida.

Además, para que un envase se considere reutilizable debe haber sido diseñado para realizar múltiples rotaciones, poder rellenarse o reacondicionarse de forma segura y mantener la calidad y la protección del producto durante su uso.

Una recarga flexible, biobasada, reciclable o compostable solo será adecuada cuando responda a las condiciones reales de uso y gestión del residuo. La clave no es aplicar una misma solución a todos los formatos, sino escoger la combinación de material, diseño y final de vida que permita reducir el impacto global del sistema.

Documentación y certificaciones: cómo respaldar las prestaciones del envase

Las declaraciones ambientales deben ser precisas, demostrables y coherentes con las características del producto final. El PPWR exigirá documentación técnica y una declaración de conformidad para acreditar el cumplimiento de los requisitos aplicables al envase.

Dependiendo del material, la aplicación y el final de vida, también pueden ser relevantes normas, ensayos o certificaciones voluntarias como:

  1. Compostaje industrial (EN 13432). Es una norma europea de referencia que establece los requisitos que debe cumplir un envase para considerarse compostable en instalaciones industriales. Evalúa aspectos como la biodegradación, la desintegración, el contenido en determinadas sustancias y la ausencia de efectos negativos sobre la calidad del compost.
  2. OK compost INDUSTRIAL y OK compost HOME. Son esquemas voluntarios de certificación emitidos por TÜV Austria. OK compost INDUSTRIAL acredita el comportamiento del producto en condiciones de compostaje industrial, mientras que OK compost HOME evalúa su compostabilidad en condiciones domésticas, normalmente menos controladas y con temperaturas inferiores.
  3. OK biodegradable SOIL. Es una certificación voluntaria orientada a productos diseñados para biodegradarse en el suelo. Puede ser relevante para determinadas aplicaciones agrícolas, siempre que se corresponda con el entorno real de uso y con los requisitos específicos del producto.
  4. Biodegradación en agua. Existen también esquemas como OK biodegradable WATER, pero no deben asociarse de forma general al sector agrícola. La certificación debe corresponder siempre al entorno en el que previsiblemente terminará el producto.
  5. Contenido biobasado. Existen ensayos y certificaciones que permiten determinar qué proporción del carbono de un material procede de fuentes renovables, como plantas, microorganismos o determinados residuos orgánicos. Estas certificaciones acreditan el contenido biobasado, pero no demuestran por sí solas que el material sea biodegradable, compostable o reciclable.

Cómo hacer la transición sin paralizar tu cadena de producciónCómo hacer la transición sin paralizar tu cadena de producción

Llegados a este punto, puede que pienses: “De acuerdo, tengo que revisar mis materiales, reducir el packaging innecesario y asegurarme de que el envase cumple los nuevos requisitos. Pero si cambio una línea de inyección o una extrusora que lleva años funcionando, puedo poner en riesgo toda la producción”.

Es una de las principales preocupaciones de cualquier responsable industrial. Y es una preocupación lógica: un material puede ofrecer un menor impacto ambiental sobre el papel, pero si no se procesa correctamente, no mantiene las prestaciones del producto o reduce la eficiencia de la línea, la solución no será viable.

El objetivo de un cambio de material no debería ser transformar toda la fábrica, sino encontrar la formulación y las condiciones de proceso que mejor se adapten a la aplicación y a los equipos existentes.

Cuando se evalúa un material biobasado, reciclable, biodegradable o compostable, es necesario analizar tanto su composición y su final de vida como su comportamiento térmico, reológico y mecánico. En aplicaciones de film pueden ser determinantes la estabilidad de burbuja, el sellado, la resistencia o la uniformidad del espesor. En inyección, deben revisarse aspectos como el llenado del molde, la contracción, la estabilidad dimensional, el acabado de la pieza y el tiempo de ciclo.

En algunos proyectos, el nuevo material puede procesarse en la maquinaria existente mediante ajustes de temperatura, presión, velocidad o secado. En otros, pueden ser necesarios cambios en el diseño de la pieza, el molde, el husillo o las condiciones del proceso.

Por eso, la transición debe realizarse de forma progresiva: definir los requisitos de la aplicación, formular el material, realizar pruebas en condiciones reales y comprobar que mantiene las prestaciones, la productividad y la calidad exigidas antes de avanzar hacia la producción.

La clave no es sustituir un material por otro de forma automática, sino desarrollar una solución que funcione técnica e industrialmente en la aplicación concreta.

Conclusión: El PPWR no es tu enemigo, es tu ventaja competitiva

Las empresas suelen ver las nuevas normativas como un obstáculo. Sin embargo, el PPWR también puede convertirse en una oportunidad para revisar los envases, anticiparse a los cambios del mercado y desarrollar soluciones mejor preparadas para el futuro.

Las empresas que pospongan esta revisión pueden encontrarse con mayores dificultades para adaptarse a los nuevos requisitos de diseño, documentación, reciclabilidad, contenido reciclado o reutilización.

Por el contrario, las marcas que analicen desde ahora sus aplicaciones, identifiquen los requisitos que les afectan y trabajen con partners capaces de formular y validar materiales en condiciones industriales estarán mejor preparadas para afrontar la transición.

La oportunidad no consiste en sustituir automáticamente todo el plástico convencional por un bioplástico, sino en seleccionar el material, el diseño y el final de vida más adecuados para cada aplicación, manteniendo las prestaciones que necesita el producto y su proceso de fabricación.

¿Tu envase actual está preparado para los nuevos requisitos del PPWR? Si la respuesta genera dudas, este es un buen momento para revisar su composición, su diseño y su comportamiento al final de la vida útil.

En Benviro acompañamos a las empresas durante este proceso: analizamos los requisitos de la aplicación, formulamos el material, realizamos pruebas industriales y apoyamos su validación técnica y documental. El objetivo es desarrollar una solución con menor impacto que pueda integrarse en el proceso productivo y responder a las exigencias reales del
envase.

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